Nicaragüenses comienzan a buscar petróleo que le interese a Donald Trump
En una realidad paralela donde la geopolítica funciona a punta de memes y rumores de WhatsApp, la supuesta captura de Nicolás Maduro ha provocado un efecto dominó en toda Centroamérica.
Mientras unos celebran, otros se indignan y los camarógrafos oficiales actualizan su LinkedIn, en Nicaragua la reacción ha sido más… práctica: cientos de nicaragüenses han salido a las calles de Managua con picos y palas a buscar petróleo, convencidos de que si encuentran aunque sea un chorrito, Donald Trump vendrá en persona a “arreglar el país” con una gorra roja y un discurso en inglés mal traducido.
Desde Ciudad Sandino hasta los semáforos de la Carretera a Masaya no queda un solo pedazo de tierra sin perforar. “Mirá, si a Venezuela le pasó eso por tener petróleo, entonces nosotros lo que necesitamos es hallar aunque sea un charco de aceite 20W-50”, explicó don Rigoberto López (nombre cambiado por razones obvias), mientras cavaba un hoyo detrás de una fritanga.
“Ya le ofrecimos de todo a los gringos: vigorón, nacatamales, hasta una hamaca para que Trump se eche a dormir la mona. Pero sin petróleo no hay trato. Así que aquí estamos, sudando como gallo de pelea, a ver si encontramos algo que huela a Texas”.
Según fuentes completamente no verificadas pero muy entusiastas, el plan es sencillo: descubrir un yacimiento, llamar a CNN, y esperar a que aparezca Trump en helicóptero prometiendo democracia exprés y una estatua suya en la Rotonda Rubén Darío.
“No importa si se llevan todo el crudo”, agregó Rigoberto mientras sacaba otra palada de tierra seca, “con tal de que nos dejen aunque sea pintar Managua y cambiarle las bombillas a los semáforos. Es más, si hace falta, nosotros mismos le bordamos el traje naranja a Daniel Ortega y la Chamo Murillo para que se vayan directo a la historia… o al menos al chiste del año”.
Mientras tanto, las excavaciones continúan, los hoyos se multiplican y la fe petrolera crece. Porque si algo ha quedado claro en este país tropical, es que cuando la política se vuelve surrealista, a la gente solo le queda hacer lo mismo: cavar, reírse un poco… y esperar que de la tierra salga algo más que polvo y promesas.
